¿Por qué nos cuesta tanto hablar de sexualidad con nuestros hijos?

Hablar de sexualidad no debería ser un tema tabú, pero lo es. A muchos padres les da miedo, vergüenza o simplemente no saben cómo hacerlo, porque nunca tuvieron ese ejemplo en casa. Sin embargo, hoy ya no basta con repetir la historia de silencio.

Nuestros hijos están expuestos a más información de la que jamás imaginamos, y si no hablamos con ellos desde el amor, la confianza y la certeza, lo harán otros… con información que puede ser inadecuada, incompleta o incluso dañina.

La sexualidad: un proceso, no una sola plática

Por años pensamos que “hablar de sexualidad” era sentarse en la pubertad para dar la plática. Hoy sabemos que no funciona así. La sexualidad es un proceso de vida, que empieza desde que los niños nacen:

  • Desde pequeños, enseñarles a nombrar su cuerpo y sus partes privadas.
  • Hablar de lo que es agradable o desagradable, lo que se permite y lo que no.
  • Ayudarlos a reconocer lo que los hace sentir cómodos y lo que no.

En otras palabras: enseñarles a conocer, cuidar y respetar su cuerpo como lo más valioso que tienen.

El cuerpo como brújula de vida

Ponemos mucha atención en que aprendan matemáticas o a leer, pero pocas veces les enseñamos lo más importante: a conocerse a sí mismos. Su cuerpo, su mente, su corazón.

La sexualidad es parte de la esencia del ser humano:

  • Es existir, sentir y pensar en plenitud.
  • Es aprender a amar y a cuidarse.
  • Es un camino de transformación que atraviesa etapas: infancia, adolescencia, juventud y adultez.

Cuando hablamos de sexualidad no hablamos solo de relaciones sexuales. Hablamos de identidad, de cuerpo, de emociones, de decisiones y de respeto por sí mismos y por los demás.

Romper el ciclo del silencio

Nos cuesta hablar de sexualidad porque a nosotros no nos lo hablaron. Porque lo vivimos con vergüenza, miedo o confusión. Pero esa historia puede y debe cambiar.

Como padres somos los primeros responsables en abrir la conversación, etapa por etapa:

  • En la niñez, dar lenguaje y seguridad.
  • En la preadolescencia, hablar de los cambios que vienen, prepararlos para la pubertad y que no los tome por sorpresa.
  • En la adolescencia, hablar de anticoncepción, enfermedades de transmisión sexual, cuidado y compromiso.
  • En la juventud, acompañar la toma de decisiones con responsabilidad y amor.

No es una tarea que debamos delegar a la escuela, a los amigos o a internet. Nadie más experto que un padre amoroso puede hablar de sexualidad con respeto, tolerancia y amor.

Una sexualidad basada en amor y respeto

Nuestros hijos merecen crecer sabiendo que su cuerpo es valioso, que está hecho para amar, para sentir y para cuidarse. Una sexualidad sana no se construye con miedo ni con silencio, sino con confianza y con diálogo abierto.

 Empecemos hoy a cambiar la forma de educar. Hablemos con ellos desde el corazón, antes de que otros lo hagan desde la desinformación.

“La sexualidad no es una plática, es un proceso de vida.”

“Hablar de sexualidad es enseñar a amar, a cuidarse y a respetar.”

“Nuestros hijos están expuestos; es nuestra responsabilidad hablar con ellos primero.”

“No es un tema de vergüenza, es un tema de amor.”

“La mejor educación sexual nace en casa, desde la confianza.”