Hay algo que, después de muchos años de trabajar con niños, adolescentes y familias, sigue impactándome profundamente:
Los casos de abuso infantil, violencia y vulneración hacia la infancia no han disminuido.
por el contrario, han aumentado. Y estamos en 2026.
Vivimos en una época con más información que nunca. Hoy se habla del tema, existen libros, estudios, documentales, espacios digitales y medios de comunicación que lo visibilizan. Ya no podemos decir “no sabíamos”.
Y aun así, la pregunta sigue ahí, incómoda y dolorosa: ¿por qué, sabiendo más, seguimos haciendo tan poco?
Este tema continúa siendo ese elefante en la sala del que nadie quiere hablar, pero que, cuando no se nombra, se transmite.
El silencio no elimina el problema; lo normaliza. Y aquello que se normaliza se repite de generación en generación.
Mirar lo que duele también es una forma de cuidar
Por qué hablar de estos temas sigue siendo necesario
Leer sobre niños muy pequeños víctimas de abuso no entra en ninguna lógica humana. Habla de una profunda desconexión emocional de los adultos, de una sociedad que muchas veces prefiere no ver porque ver duele. Pero evitar el dolor no lo desaparece; solo lo empuja a un lugar más profundo y más peligroso.
Es justo ahí donde El Viaje Seguro cobra sentido. Este proyecto no nació desde el miedo, sino desde la convicción.
Desde la certeza de que lo que no se habla se perpetúa y lo que se nombra se vuelve consciente.
La conciencia empieza en casa
El rol de madres y padres en la prevención y el cuidado
Creo profundamente que el cambio comienza en la conciencia, y la conciencia se construye en lo cotidiano, en casa, en el vínculo.
Como madres, padres y adultos responsables, tenemos un rol irrenunciable: estar presentes, abrir conversaciones incómodas pero necesarias, enseñar a poner límites, validar el “no” de nuestros hijos y dejar claro que ninguna forma de autoridad justifica la violencia.
Hablar no despierta ideas. Hablar protege. La información, la comunicación y el vínculo son las herramientas de prevención más poderosas que existen.
Cuando el silencio se hereda
Cómo las historias no habladas se repiten y cómo empezar a sanar
También es importante decir algo para los adultos que crecieron con historias de abuso no habladas. Cuando el dolor se guarda, muchas veces se convierte en patrón; cuando se nombra, se abre la posibilidad de comprender, resignificar y sanar.
Romper el silencio no es sencillo. Implica mirarse, incomodarse y cuestionar lo aprendido. Pero es la única forma de que algo deje de repetirse.
Una responsabilidad compartida
Familia, vínculo y conversaciones que sí protegen
Como sociedad, también tenemos una responsabilidad: no minimizar, no normalizar, no mirar hacia otro lado cuando algo no está bien. Y, al mismo tiempo, fortalecer aquello que sí protege: la familia que conversa, el adulto disponible, el vínculo que escucha, la comunidad que cuida.
Por eso sigo creyendo en la familia. Creo en el amor. Creo en las conversaciones valientes. Invito a las familias que quieren hacerlo diferente, a las madres y padres que no desean heredar silencios, a abrir esta conversación con sus hijos, con ellos mismos y con su comunidad.
Porque proteger no es callar.
Proteger es hablar.




