En consulta, muchos papás me dicen: “Quiero que mi hijo aprenda a controlar sus emociones, que deje de hacer berrinches, que se regule.”
La preocupación es legítima, pero muchas veces empezamos la casa por el techo: pedimos regulación emocional cuando todavía no están firmes los cimientos del desarrollo.
El cimiento: sensorial, motriz y perceptual
El desarrollo infantil se puede imaginar como una pirámide. La base son los cimientos sensoriales, motrices y perceptuales. Son los tabiques que sostienen todo lo demás: la capacidad de moverse, coordinar, percibir estímulos y procesarlos.
Si estos cimientos no se desarrollan adecuadamente, la pirámide crece inestable. Un edificio con bases débiles siempre corre el riesgo de tambalear.
El siguiente nivel: el lenguaje
Después viene el lenguaje: una herramienta fascinante que abre puertas a la comunicación y el pensamiento. Algunos niños desarrollan un lenguaje muy avanzado y sorprenden con su capacidad de negociar o debatir.
Sin embargo, que un niño hable como adulto no siempre significa que su desarrollo esté completo. A veces su lenguaje brilla, pero sus cimientos físicos (sensoriales y motrices) siguen débiles. Esa discrepancia puede engañarnos como padres y maestros.
Aprendizajes básicos y primeras señales
En la etapa preescolar, aparecen las conductas clave del aprendizaje: seguir instrucciones, mantener la atención, coordinar movimientos finos y gruesos. Aquí es donde empezamos a notar señales:
- Niños inquietos que no logran quedarse sentados.
- Lapsos de atención muy cortos.
- Dificultad para coordinar motricidad fina y gruesa.
A veces lo atribuimos a que “todavía son chiquitos” y claro, el desarrollo tiene sus tiempos. Pero si observamos con atención, muchas de estas conductas reflejan que la base de la pirámide no está bien cimentada.
La cúspide: regulación y control emocional
Solo después viene el desarrollo más abstracto: el control de la conducta, la autorregulación emocional y el autoconocimiento. Es aquí donde suelen aparecer los motivos de consulta: berrinches, desbordes, falta de autocontrol.
Pero lo que vemos en la superficie no siempre es un tema puramente emocional. Muchas veces son cuerpos que no responden como deberían:
- Cuerpos que no contienen.
- Cuerpos que no coordinan.
- Cuerpos que no reaccionan como se espera.
Un niño con bases físicas frágiles difícilmente podrá regular sus emociones, porque su pirámide completa tiembla.
La metáfora del maratón
Podemos pensarlo como un maratón. Puedes entrenar día y noche para correr, pero si tienes un pie lastimado, nunca lo correrás con éxito. Primero hay que atender la parte física.
Con los niños ocurre lo mismo: antes de esperar que regulen sus emociones, tenemos que asegurarnos de que su desarrollo físico, sensorial y motriz esté firme. Solo así la carrera del crecimiento puede ser exitosa.
“No podemos pedir regulación emocional cuando la pirámide del desarrollo no tiene cimientos sólidos.”
“El lenguaje avanzado puede engañar: no siempre refleja un desarrollo completo.”
“Un niño con bases físicas frágiles tendrá emociones desbordadas.”
“Primero hay que fortalecer el cuerpo, después se fortalece la mente.”
“Criar es construir una pirámide: si la base no está firme, todo lo demás se tambalea.”




